Jornada de ayuno por la paz

¡Que una cadena de compromiso por la paz una a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! #prayforpeace Papa Francisco.

«Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros… Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».

San Juan Crisóstomo.

El papa Francisco convocó para este 7 de septiembre a una jornada de ayuno y oración por la paz en Siria y para el mundo.   Llama a participar de esta iniciativa a los católicos y a toda la gente de buena voluntad que estén en favor de la paz.

Cuando el papa Francisco propuso realizar esta jornada quise sumarme a ella.   ¿Por qué?  Porque me duele la guerra, me duele que muera gente con armas químicas o simplemente que la vida le sea arrebatada antes de tiempo por causas injustas.  Porque me irrita que el gobierno de un país se adueñe  del mundo y lo use como campo de batalla, llevando guerras a donde le apetezca “por el bien de la humanidad” y aproveche para vender sus armas.   Porque me duelen  por anticipado  las consecuencias nefastas de toda guerra: destrucción, asesinatos, huérfanos, viudas, lisiados, hambre, heridas, enfermedades, escasez, desaparecidos, en pocas palabras  me duele el atentado contra la vida y dignidad que realiza un país para demostrar matando que matar es malo.

Ahora bien, si bien decidí sumarme a esta convocación de Francisco, surgían preguntas al respecto: ¿cómo? ¿por qué? ¿qué sentido tiene? ¿qué significa el ayuno? ¿cómo orar? ¿cómo vivir esta jornada? ¿tendrá algún efecto en la realidad?   Para estas preguntas podrían existir respuestas simples,  pragmáticas, incrédulas o desesperanzadas: “esto no sirve para nada”, “no vale la pena”, “no hay manera de influir”.

Opto por no quedarme con esas respuestas; prefiero aventurarme a preguntar por un sentido más profundo.  Normalmente las cosas son más densas de lo que parecen. Empecé preguntando a mi profesor de Biblia, después platiqué con mi comunidad, con un grupo de jóvenes y finalmente publiqué un mensaje en Facebook pidiendo ayuda sobre la comprensión e interpretación del sentido de un ayuno.

La primera aportación de mi profesor fue la siguiente: “Sería mejor hablar de “ayuno en oración”. De este modo, no se separarían dos elementos: oración y ayuno.   Ayuno orando y oro en ayunas.  Me gustó la idea.  Después, el profesor nos compartió algunos  aspectos sobre el ayuno.

Un poco de historia: para vislumbrar el verdadero sentido del ayuno

El ayuno es una práctica judía de solidaridad con las víctimas (no tiene nada que ver con “castigo al cuerpo” ni con sufrir a cambio de un favor o intervención mágica de Dios. Un ayuno de rutina para bajar de peso no es ayuno).  En Israel se decretaba “día de ayuno” cuando existía un daño personal, estructural (con víctimas) o sucedía una desgracia.  El tiempo del ayuno era momento para reflexionar sobre las tragedias, conocer la historia y no volver a cometer los mismos errores.   El ayuno implica tres momentos.

I. Detener el tiempo (las actividades): Sentir en carne propia el dolor de los que sufren.

Algo grave está sucediendo o sucedió en la sociedad o en nuestro mundo.  ¡No podemos hacer como si nada ocurriera! Hay que detener el curso de la vida; hay que parar las actividades.  ¡Es necesario indignarse!  Dicen que lo trágico ante acontecimientos brutales no es la maldad de quienes los perpetran, sino el silencio de la gente de buena voluntad.  Detener el tiempo implica dedicar un espacio y un tiempo a la reflexión.

Este momento del ayuno es para sentir en carne propia el dolor de otros, de los que han sufrido una tragedia, de las víctimas de la injusticia o de un desastre.  Es ponerse en estado de luto por la desgracia ajena.  Parar el tiempo sería algo así como decir: “Hoy no hago nada de lo que debería hacer según el orden establecido”.  “Hoy voy a dedicarme a ver, conocer, sentir, experimentar el dolor del otro.  Me voy a acercar tanto como me sea posible, hasta sentirlo en carne propia.”  “Y si preguntaran por mí, estoy en el suelo, con mis hermanos que sufren”

Los judíos se vestían con sayal, una tela rústica generalmente de lana: ruda e incómoda que molesta la piel.   Es un modo de llegar a través de los sentidos a sentir el sufrimiento de otros.

El ayuno como tal, no es el comer o el ayunar lo que importa, sino el espíritu con que se come o se ayuna. Ayunar, es privarse de algo que es bueno, de algo que alimenta la vida. El ayuno es un gesto solidario, es un hecho afectivo, no intelectual.  Cuando ayunas, voluntariamente empiezas a sentir la carencia de lo que da vida, empiezas a sentir hambre, te surgen otras ideas que no saldrían a la luz cuando el alimento es cosa garantizada; empiezas quizá a sentir qué significa eso de “pasar necesidad”, te puede llevar a pensar en otros, en aquellos cuya condición permanente no es la saciedad sino el hambre. Puedes incluso llegar más lejos: conectarte con el hambre de justicia, de dignidad, con los clamores más profundos que habitan en ti y en muchas personas de este mundo.  Ayunar es un modo de acercarme al dolor del otro hasta sentirlo. El ayuno  siempre es un medio para un fin.   Ayunar es entrar en crisis.  Ayunar es decir “así la vida no tiene sentido”; “no me identifico con un modo de vivir la vida”  Sólo ayuna bien el que ayuna desde el amor y para amar.

II. Ordenar el caos: Momento de discernimiento.

Este tiempo “extraordinario” de ayuno en oración también es momento para el discernimiento.  Es tiempo de ver lo que pasa y de lo que normalmente paso por alto y no le doy atención, porque en el ritmo cotidiano “no tengo tiempo para pensar en ello”.  Aquí sí hay tiempo porque lo has querido así, y como me decía una joven, ayunar y orar sería también el tiempo para tomar conciencia.  El ayuno en oración es un espacio para poder tomar postura, analizar los sucesos, indagar las causas y para elegir de qué lado de la historia me sitúo: de lado de los verdugos de la historia o desde las víctimas.  Para los cristianos, Jesús se situó siempre del lado de las personas que sufría opresión, enfermedad, dolencia, sinsentido y exclusión.   De igual modo, en la historia del pueblo de Israel, Dios siempre se muestra atento, cariñoso y parcial a favor de la viuda,  los huérfanos,  y de aquellos los que vivían en situación de marginación política, social y económica.   Estar del lado de las víctimas es estar del lado de Dios.  Estar del lado de las víctimas desde una perspectiva no creyente sería estar del lado de la vida y la dignidad humanas.

El mundo va a prisa. En este tiempo toca detenerse, dejar asentar las experiencias.  Escuchar el corazón, lo más profundo de nuestros deseos y anhelos.   En este sentido, el ayuno permite hacer un balance, en un diálogo en el que la persona sale de sí y retorna a sí, para volver al origen, a lo humano y preguntar ¿Quién soy? ¿Cómo podría ser? ¿Cómo está el mundo? ¿Cómo podría estar?

Quizá sea este un buen momento para dejarnos iluminar por las grandes personalidades que han decidido  estar en desacuerdo  con  el modo en que las cosas se vivían en su sociedad: Jesús, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela.

Es también momento para acercarnos físicamente a los cuerpos sufrientes: visitar un orfanato, un centro de rehabilitación, un enfermo, preguntar por la salud de otros, familiares de los desaparecidos, de los asesinados, de los migrantes.  Sufrimiento y dolor abundan en nuestras sociedades, es cuestión de asomarse fuera del mundo propio, de salir de los cercos eléctricos y guardias para constatar esta realidad.  También podría ayudar acercarte a los lugares donde se lucha por la paz y la justicia, a los movimientos, ONG´s, organizaciones que trabajan por la dignidad de las personas, por el medio ambiente.

Puede ser también de modo indirecto. Puedes leer la pasión de Jesús (en alguna de los cuatro relatos), un “presunto culpable” que fue condenado a la peor de las muertes de modo injusto.  También podrías escuchar a A. Schönberg, “Un sobreviviente de Varsovia”,  http://www.youtube.com/watch?v=61r2gD6UopU o alguno de los cantos de guerra:

http://www.youtube.com/watch?v=75MqAyETxn0&list=TLWY2EUKoRIpY

O esta otra obra musical dedicada a las víctimas de Hiroshima:

http://www.youtube.com/watch?v=Hz936beItg4

Quizá leer el periódico, seguir una noticia, enterarte a fondo de algo que esté pasando en tu país te pueda ayudar.  Y leer, pero con el corazón, poniéndote en el lugar de las víctimas.  Otra ventana a esta experiencia de miseria del mundo sería el arte, la pintura, la escultura.

Parte del ayuno conlleva también la oración, es decir, la relación amorosa con Dios.  Que sea una oración con los ojos bien abiertos.  Si no estoy de acuerdo con el modo en que se conduce este mundo, necesito sentir que el sufrimiento del otro, también es mío, aún en la distancia y que es de Dios.  Y quizá sentir ese dolor lejano, me lleve también a abrir los ojos al sufrimiento que me queda más cerca, en mi país, en mi región, en mi barrio, en mi persona.  Y al sentir este dolor hacerlo oración.  Orar es preguntar a Dios ¿cómo sueñas este mundo?

III.  Volverse a vestir significa que ya has tomado postura y tienes ya una decisión.  

Después de haber detenido la vida, tu vida por un momento con gestos sensibles: un sayal, el ayuno, la oración, aspectos que te capacitan para sentir el dolor del otro en carne propia y que has tenido el tiempo para tomar conciencia, para valorar la situación, que estás enterado de qué van las cosas, en este caso de Siria, de los motivos, las causas, los responsables llega un tercer momento del ayuno. Volver a vestirse.

Los problemas se resuelven con asunciones. No se trata de dejar el asunto en manos de Dios en el sentido de esperar una intervención mágica.  La construcción de la historia nos toca a nosotros, los seres humanos.

¿Qué causes pueden ejercer una influencia en las personas que son las responsables directas de las acciones? ¿Cómo puedo disentir de una política bélica? ¿De qué medios dispongo para hacer oír mi voz?  ¿Qué hace que unos tengan en sus manos la vida de muchas personas? ¿Cómo restarles poder? ¿Qué genera tanta pobreza y desigualdad? ¿Cómo indignarme? ¿Dónde comprometerme?

Este momento del ayuno implica regresar a la cotidianidad de la vida, pero siendo tú diferente porque ya  has hecho un camino en el que has tomado una decisión, en el que ya no eres el mismo porque ya no te sitúas en la vida de la misma manera.  Este es el momento del compromiso real e histórico.  Se inicia el tiempo para vivir la vida con diferentes opciones vitales, con nuevos horizontes de solidaridad y humanidad.    Este es el momento de generar un compromiso que transforma la realidad.

El ayuno te capacitó para escuchar donde la vida clama y debería mover a un cambio interior en los valores y conductas de cada ser humano.  Si con el ayuno no has reflexionado sobre tus comportamientos y sobre tu compromiso para un mundo mejor, tus actos podrán ser buenas intenciones privadas que correrían el riesgo de la infecundidad.  Habrás puesto el ayuno como un fin en sí mismo, cuando sólo era medio para abrir un horizonte nuevo.

Este tercer momento es el de la solidaridad.  Hoy sólo se puede hablar de ayuno gritando la injusticia en que vivimos. Hoy sólo se puede ayunar luchando para que otros no ayunen. Hoy sólo se puede celebrar el ayuno asumiendo el dolor, la impotencia y la rabia de los millones de hambrientos. Ayunar es amar. El ayuno que Dios quiere sigue siendo el de partir tu pan con el hambriento; el privarte no sólo de los bienes superfluos, sino aún de los necesarios en favor de los que tienen menos; el dar trabajo al que no lo tiene o ayudar a solucionar el problema del desempleo. Ayunar hoy es curar a los que están enfermos de cuerpo o de espíritu; el liberar al drogadicto o prevenir su caída; el denunciar toda injusticia; el dar amor al que está solo y a todo el que se te acerca. Ayunar es amar. No demos importancia a la comida de la que se priva un satisfecho. Damos importancia a la comida que posibilitamos a un hambriento. No importa quedarnos nosotros un día sin comer. Sí importa dar a Dios un día de comer.

Sea hoy nuestro ayuno un signo de nuestra libertad y protesta contra la tiranía del consumismo, del poder basado en el dinero  y contra la guerra estúpida.  Ayunemos para la libertad. Ayunemos para la austeridad. Ayunemos para construir desde ya, desde aquí un mundo donde haya paz, donde cada ser humano tenga paz y los medios necesarios para una vida digna.  Ayunemos para nuestra paz.

Ayunemos para pensar en ese otro mundo que es posible y que tanto anhelamos, pero que nos cuesta construir.  Ayunemos para sembrar esperanza.  Ayunemos para gritar contra la barbarie de la humanidad.  Que esta jornada de ayuno en oración sea un paso de unidad internacional; un paso en contra del egoísmo, un esfuerzo global de compromiso por la justicia, un trabajo por la paz, una violencia de amor.  Que este día de ayuno en oración nos convierta, nos haga solidarios, capaces de la fuerza del diálogo y no de las armas, solidarios siempre.  Que esta jornada y las que vengan las podamos vivir como una breve y multiplicada huelga de hambre en protesta contra la injusticia y la guerra.   Que fruto de este ayuno te dejes arrebatar por el hermano que más sufre.  Que tu vida se convierta en servicio a favor del amor eficiente y efectivo.  Que el fruto de este ayuno te lleve a la solidaridad porque “hemos comulgado con los hambrientos del mundo, por los amenazados de guerra y queremos comprometernos para haya pan y haya paz”  Que nuestra jornada de ayuno oración, vivida desde el corazón, en libertad, nos lleve a vivir en el amor y para el amor.

Queda abierta la invitación con estas ideas para elegir y diseñar cómo vivir tu día de ayuno en oración y silencio.  Estás en libertad de decidir como ejercer la misericordia en movimiento a la que todo ser humano es convocado.   Eres libre para ejercer, junto con miles, ojalá millones, este acto de rebeldía que encierra una crítica profunda al modo en que suceden ciertos acontecimientos.

Hoy tenemos la oportunidad de construir el mundo de otra manera, de elegir desde dónde vivir la existencia. Hoy es momento de hablar, de expresar.  Hoy es el día de un grito silencioso a los que hacen la guerra, a los que buscan sólo su interés personal a costa del sufrimiento de miles.

“Millones de personas como tú y como yo, haciendo cosas pequeñas podemos cambiar la faz de la tierra”

Algunas fuentes consultadas:

http://mercaba.org/FICHAS/CUARESMA/007.htm

CARITAS. Imagen

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